viernes, 5 de febrero de 2016

Capítulo 31

- No me des las gracias, en la situación en la que estamos dudo que podamos salir adelante. - dije apenada, ya que por mucho que amara a Zeev en un momento u otro de nuestro futuro cercano probablemente uno de los moriría en el mejor de los casos, en el peor los dos estamos muertos.

- Lo sé. - dijo

- Zeev, estoy harta de escapar intentando que no me maten. - le miré a sus dorados ojos, ahora cansados y espectantes. - Llegados a este punto me da igual morir. Quiero luchar.

- Estoy contigo. Pero de luchar, hagámoslo bien, démosle en dónde más les duele: el Centro de Operaciones Base. Si le atacamos allí y destruimos aquél lugar estarán bastante dañados. No ganaríamos la guerra pero los dejaríamos en mal estado.

- Lo primero que debemos hacer es encontrar a los demás. ¿Sabes a dónde podrán haber ido?

- Creo que sí, vamos. - dijo haciendo un ademán con la cabeza, agarrando mi mano y comenzando la marcha hacia el lugar en el que probablemente estarán nuestros amigos.

- Espera. - me negué saltándome de su agarre y permaneciendo en el sitio. Me miraba interrogante. Me acerqué a él y le quité la camiseta granate, sucia y rota tal como lo había hecho de la otra vez. Esta vez la herida seguía ahí. Estaba sucia, roja y algo hinchada. Le miré acusadora, ¿cómo no podía siquiera quejarse en vez de callarse y hacer que nada ocurre? - No me pienso mover hasta que ésto se te pase.

- Yumi... No debemos retrasarnos.

- Entonces es que quieres morir de una infección irreversible antes que de que terminemos con los entes despiadados que lo único que buscan es su beneficio y el mal ajeno.

- No es tan fácil matarme.

- En tu situación actual para ellos es más fácil inclúso que arrebatarle un juguete a un niño. Escondámonos en primer lugar.

Le dí su camiseta, la cual se la puso al momento con un gesto de dolor que quiso ocultar y no pudo. Comenzamos a andar en busca de un lugar en donde ocultar nuestra presencia. Parecía un crío, tenía el pelo más alborotado que nunca, la cara sucia y la ropa raída. Sus dorados ojos denotaban dolor aun que lo intentará ocultar sus hermosos ojos eran incapaces de mentir. No sé exactamente porqué pero sabía esas cosas sobre él, cosas que ni la amnesia pudo acabar con ellas. Estaba deseando recuperar por completo esa vida vivida en lo que a mi me parecía un sueño paralelo a realidad, cuando era mi verdadera vida. Seguramente es mucho más difícil y dura que todo aquello que he conocido en este tiempo, pero es mi vida, aunque sea la peor del mundo me gustaría recuperar lo que es mío y de una vez por todas dejar de vivir en una mentira.

Al rato de estar caminando por lugares que dudo que haya alguien pisado en años encontramos una casa al pie de una presa, bueno o lo quedaba de ella. Una pared de piedra y su consiguiente trozo de techo se mantenian en pié, lo demás eran escombros esparcidos por el suelo. Todo recubierto por cascadas de enredaderas y vegetales varios, los cuales se habian hecho dueños del lugar con los años. El agua  de la presa se veía corrosiva y nada apta para el consumo humano debido a los vertidos químicos y dañinos de las fábricas cercanas. Era un buen lugar. Los soldados no nos encontrarían en un lugar así. Y podíamos movernos con facilidad en caso de nos alcanzarán allí.

Nos sentamos alli esperando que el tiempo discurriera con rapidez, pero al perezoso tiempo no le daba la real gana de pasar. Allí quietos, sentados cerca el uno del otro, dejabamos que la brisa acariciara nuestra cara y nos llenara los pulmones como si de un día normal se tratara, en un mundo normal, en una vida normal. Ese pensamiento me entristeció en cierta forma, ya que ese en jamás sería mi caso.

- ¿Sabes, Yumi? - comenzó Zeev sobresaltándome y sacandome de mis pensamientos - Hace muchísimo tiempo, de hecho, mucho más de lo que casi pueda recordar, yo viví cerca de un lugar parecido a esto. No lo recuerdo muy bien pero me encantaba escapar de la supervisión de mi cuidadora para venir a un sitio como este para ignorar el mundo que me rodeaba e introducirme en el mío aunque solo fuera por un corto espacio de tiempo. Hasta que mi padre venía a por mí. Adoraba su persona, era noble y todo un capitán. Nunca fuí capaz de odarlo, a pesar de todas las ordenes que acató. Y ahora está  muerto.

- Zeev...

- No te preocupes, casi en mi vida he visto mas muerte que vida, recuerda que soy un ex-soldado de un gobierno corrupto. - sonrió tristemente mientras hablaba - A duras penas distingo en este momento cual de las dos cosas es mejor. - esas palabras hondaron en mi corazón ahogándolo. Apreté los puños hasta sentir dolor en las palmas de las manos al clavarme las uñas. ¿Por qué,  por qué una persona tan buena ha tenido que sufir tanto? Ese pensamiento me resultó familiar aun que llevaba tanto tiempo sintiendo cosas familires, que ya el sentimiento me era más que redundante.

- ¡Me niego! - protesté sobresantándolo. - No pienso dejar que pienses así. La vida es un regalo, y nuestro deber es vivirla. La muerte es la sombra que persigue a aquellos que la temen. Yo la ignoraré y seguiré mi camino, me importa bien poco si me alcanza o no si es que con ello consigo que este mundo sea mejor. - me incorporé y allí en aquel páramo le tendí mi mano mugrienta y sucia. - ¿La ignoraras conmigo y pelearas a mi lado?

Sin dudarlo un segundo la tomó y se incorporó a mi lado. Su postura ya era erguida, su torso volvía a la normalidad y su hermoso rostro ya volvía a lucirse con salud.

- Luché a tu lado una vez, y jamás dejaré de hacerlo. - dijo tranquilo y muy convincente.

Realmente no pude evitar sonreír, tenerle a mi lado me daba seguridad y templanza aunque me estuvieran temblando las rodillas del miedo que daba nuestra aventura.

Comenzamos a andar con fuerzas renovadas a buscar al resto de los rebeldes. ¿Seguirían vivos o habrían sido destripados igual que a Anne? Lo que tenía claro es que no me quedaría sentada a verlo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Capítulo 30

El dolor era insoportable. Me quemaba desde la espalda hasta el estómago, toda la franja que me había abierto con la espada. Aún con el arma clavada en mi torso, y con las estadísticas de supervivencia bajando estrepitosamente debía salir de allí y salvarla. Lo bueno es que ahora tenía arma, cosa que antes carecía de ello. Yumi corrió hacia mí, con una mirada de compasión agarró el arma y la sacó de mi, haciendo que el filo de la espada volviera a rajar la poca carne que se había regenerado en mi cuerpo. Solté un grito ahogado y me agarré el abdomen por instinto, aunque eso apenas mitigaba el dolor y escozor. Will nos miraba con ojos cuiosos hasta que derrepente soltó una risa aguda y estridente, una risa de lunático.

- ¿En serio yo te doy pena? Eso es porque tu no te has visto. Eres idiota, te automutilas para ser una carga cuando ella escape. Muy listo, Jesse - dijo socarrón y sarcástico. - Aunque te cures rápido no puedes evitar el dolor e inclúso la fatiga, a la cual no estás acostumbrado ya que llevarás años sin saber de ella.

- Prefiero estar herido y fatigado que bajo tus pies de nuevo. - solté con dificultad y rabia.

- ¡Venga ya! - se rió - ¿Sigues cabreado por eso?

- ¡Me arruinaste la vida!

- Te la mejoré, - dijo burlón - deberías de estar agradecido. Hay personas que asesinarian a alguien por poseer el poder que tienes.

- Una persona como tú, que daría la vida de su mejor amigo, engañaría y raptaría a la chica que le gusta por codicia. Un depravado y un perturbado. ¿Agradecido? Deberías estar en prisión o en un manicomio, o inclúso mejor, en un laboratorio haciéndote lo mismo que le hicieron a Zeev. - atacó Yumi a Will. 

- No, tú no. Todo lo que he hecho ha sido por ti. Él te ha lavado el cerebro, ese payaso. Yumi, yo te deseo y lo sabes. - intentó calmarla Will con palabras llenas de falso amor, palabras realmente vacías. - Es un sueño, una pesadilla de la que pronto despertarás.

- La razón por la que sé que esto es la vida real y no el sueño que tu me has intentado creer que era no es por que sea todo más vivido, o porque Zeev me lo haya dicho, sino porque en los sueños, - dijo Yumi mientras se levantaba poco a poco y sacaba de la cinturilla del pantalón el arma que llevaba encima, apuntando directamente a la cabeza de Will. - nunca te dicen que es un sueño. - y disparó. La vala impactó contra un tubo, el cual perforó haciendo que saliera una nube enorme de humo. Will se retorció por el calor el tubo que hacía que se derretiera sobre William quemando su piel. Yo tan rápido como pude me levanté, mientras Yumi corría hacia la niña. Los gritos de William resonaban en la estancia, haciendo una escena extremadamente espeluznante.

- ¡Julie, corre cielo, vámonos! - gritó Yumi.

- ¡No tero id contigo! Quiedo a mami... Él traerá a mami...

- Olvídate de salvarla... es mia... - dijo William desde el suelo.

- ¡Yumi, vámonos! No la convencerás. - agarré a Yumi y tiré de ella para que empezará a correr, se resistía ya que el deseo de salvar a Julie era mucho más fuerte que el de salvarse a si misma.

- No... ¡NO! ¡Julie! Es un maníaco, acabará con ella, Zeev. - gritaba desesperada mientras yo tiraba de ella, provocando que la herida de mi torso se volviera a abrir doliéndome más que nunca, pero seguí tirando de ella hasta que la saqué de allí. - ¡Zeev suéltame! No puedo abandonarla. Por favor...

La culpabilidad me recorría por dentro, Yumi tenía razón, al lado de William la niña no aguantaría nada, pero el haber estado en el ejército me enseñó que si alguien no quiere ser salvado no se salvará. Yo viví una espantosa experiencia y después de ella lo único que quería era morir para deshacerme de sus consecuencias. Esa niña no volvería a ser feliz después de ese día. Corrimos hasta la sala de calderas y allí encontramos la salida. Nos apartamos de aquel lugar en el que en algún momento de mi vida me vi y sentí seguro. Veía a Yumi correr cansada, sin fuerzas y aún llorando trás de mí. Yo hacía años que no me sentía así, me ardía el pecho al respirar, todas las articulaciones me temblaban y la herida me dolía provocándome que hasta la vista se me nublara. Bajé el ritmo y pare poco a poco, Yumi me miró con preocupación.

- No... Puedo... Más... Lo siento,Yumi. - dije entre intentos de que mis pulmones volvieran a su estado original.

- Tranquilo, no estás acostumbrado a esa parte de los seres humanos normales. Yo también necesito descansar. - dijo amable pero seca.

- No, lo siento por Julie... Siento no poder dejarte salvarla, pero ella no se quería salvar. Y yo soy al que más le fastidia toda esta mierda, es por mi culpa que ese lunático nos quiere matar. Es mi culpa que Anne este muerta, porque yo la eché aún cuando afuera del búnker estaba el enemigo... - solté llorando. - Murió, Anne murió por mi culpa. Dejé a una niña huerfana por tozudez. - mis sentimientos estallaron y salienron de mi boca rápidamente. - Todo es mi culpa, siempre fui el culpable yo... Jamás seré lo que el mundo necesita. Soy un fracaso. Un asesino sin escrúpulos.

- Zeev... Por favor, - me agarró la cara con cariño haciendo que la mirará a sus grandes ojos azúles - eso no es del todo verdad. No te voy a negar que hayas matado a más de una persona ni que no esté molesta por no poder salvar a Julie, pero a pesar de ser tan fuertemente sobrehumano sigues siendo un humano y eso conlleva ser imposible ser perfecto, cometes errores. Pero una cosa que me dijo alguien una vez es que no importa las veces que caes, cuentan las veces que te levantes. - la abracé como si me fuera la vida en ello. Esas palabras se las había dicho yo en un momento en el que Yumi se había decaído debido a los problemas de los rebeldes y el gobierno . Aún no estoy seguro de si recuerda su pasado, pero estoy seguro de que aunque no lo recuerde sigue siendo la chica de la que me enamoré y de la que sigo enamorado.

- Te amo, Yumi. Y cada día me vuelvo a enamorar de ti. - noté que mi abrazo lo correspondía con fuerza y después me apartó de ella con cuidado.

- No recuerdo lo que llegué a sentir por ti, pero la única sensación que no me pude sacar de la cabeza desde que ésto comenzó fue un sentimiento enorme hacia ti. Al principio no sabía el tipo de sentimiento que era, pero ahora lo sé. También te amo, y estoy segura de que siempre te ame. Pero si sé que en este tiempo que he estado con la resistencia, que he pasado contigo,  me he enamorado de ti.

- Gracias.

lunes, 19 de enero de 2015

Capítulo 29

Desesperada abrí de un portazo la puerta de la sala en la que todos se encontraban. Me miraron paralizados. Sus caras demostraban terror e inseguridad, no tenían ni la mas remota idea de si siquiera sobrevivirían a ese día. Me reprendí a mi misma por estar asustada, esas personas no necesitaban alguien temeroso de lo que fuera a pasar, necesitaban a alguien que les guiara hacia una salida y una solución de aquella situación angustiosa. Debía ser el lider que necesitaban.

- Seguirme todos, ¡ya! No hay tiempo. Rápido, hay que salir de este lugar o moriremos. - apremié.

Sin mediar palabra todos y cada uno dejó todo y salieron de la sala ordenadamente, como si lo tuvieran ensayado. No me separé del umbral de la puerta hasta que la sala quedó totalmente desierta. Como última instancia, ántes de cerrar la puerta, observé en la pantalla de aquel monitor la macabra escena de la que momentos antes yo había sido una protagonista.

- Yumi, faltan Lya y Julie. - dijo Tomás.

- Mierda - maldije. - ¿Dónde llevaría Lya a la niña para estar seguras? - pregunté, pero en ese momento oímos que por el oscuro pasillo se acercaba una sombra a una velocidad acelerada, sus pasos sonaban fuertes sobre el suelo metálico, rápidos y cada vez resonaban más alto cuanto más próximo estaba ese ente. Todos nos tensamos, yo deslicé la mano al arma que guardaba en la cinturilla del pantalón.

- ¡Ayúdarme! - resonó la voz de Lya por el pasillo, lo que me tranquilizó en parte porque no había nadie extraño en el búnker con lo que Zeev estaba haciendo bien el manteniendo a los soldados alejados de nosotros. Pero eso me llevó a pensar en cómo estaría Zeev lo que me preocupó bastante y el grito pidiendo auxilio tampoco ayudó a que la situación mejorara, de hecho consiguió que ocurriera lo contrario. Con lo que, en general era todo muchísimo más estresante a cada segundo que pasaba.

- ¿Qué ha pasado, Lya? - preguntó Alec con voz nerviosa y asustada.

- No... Es que... Solo por un segundo... Y ya no estaba... - decía Lya entre jadeos atemorizados en cuando llegó al grupo corriendo. - Julie... Julie ha desaparecido...

- ¿¡Qué!? En una situación así y a ti sólo se te ocurre perder a una niña. - soltó Germán.

- No la perdí, se fue ella sola. - se defendió Lya.

- ¡Eh! Vale ya. Como sea, la niña no está. Yo iré a buscarla vosotros ir saliendo por la sala de calderas, allí encontraréis una trampilla. Germán este es tu búnker, confío en ti para sacarlos vivos. Escuchad, después de salir esconderos en donde podáis, no os acerquéis a sitios concurridos, no llaméis la atención y permanecer siempre juntos. - las palabras me salían una detrás de otra sin darme tiempo a saber lo que realmente decía, pero por las caras de los de mi alrededor parecían cosas lógicas, sus expresiones asustadas pasaban a más tranquilidad hasta alguna se tornaba a orgullo pero sólo un poco ya que el miedo seguía muy presente. - Marcharos, ya.

Todos se giraron y comenzaron a seguir a Germán, quien hizo un gesto con la mano para que se marcharán. Tomás se dio media vuelta ántes de irse.

- Gracias, por volver a ser tú. Te echábamos de menos. - dijo y prosiguió su marcha.

Agaché la cabeza a modo de consentimiento y giré sobre mis talones para ir a buscar a Julie. ¿Por fin volvía a ser aquella chica que todos admiraban? Sinceramente era algo bastante discrepable y sin fundamento. Tenía muchísimo miedo, estaba aterrorizada, pero mi cuerpo actuaba por instinto. No pensaba, actuaba.

Corriendo sin parar busqué en todos los rincones de aquel oscuro lugar. Los pulmones me quemaban por la falta de aire y las piernas me temblaban del cansancio. Pero no me podía dar por vencida, no, ya me había dado por vencida muchas veces y ser una cobarde lo había pagado caro. Julie no podía haber desaparecido cómo nada, era lógico que estuviera en algún lugar. Volví al punto del búnker donde empecé, por donde el grupo se fue, ¿habrían salido bien? ¿Estarían a salvo? La duda me carcomia por dentro. Pero la incertidumbre de no saber de Julie me ponía más y más nerviosa a cada instante. En la única habitación que no había mirado fue en la que estaban todos reunidos antes de que yo les ordenará salir del búnker. En ese momento me di cuenta de que era la sala de cámaras. Entré aprisa sin dejar de llamarme estúpida a mi misma, podía haberme ahorrado el correr por todo el búnker adelante. Lo que me mostraban las pantallas era algo que me dejó en shock. Observé los fotogramas con detenimiento y cuanto más veía más absurdo e impactante me parecía. Salí de la sala como una vala y corrí hasta la pierta principal donde los soldados ya tomaban posesión pero lo peor era la escena que se desarrollaba dentro del búnker. Zeev se encontraba ensangrentado en el suelo, inmóvil y Will apuntaba a Zeev con una espada y con el brazo libre abrazaba a Julie, que se mantenía aferrada a su pierna.

- Mi amada Yumi, ¿porqué me haces llegar a esto?

- Yo no te hago llegar a nada, has sido tú solo el que ha llegado a este punto. Por favor déjalos ir.

- No puedo querida, si no m quedo con un aliciente te me irás y no puedo permitirlo.

- Julie, cielo, ven conmigo, ese hombre es malo. - llamé cariñosamente a la niña ignorando a aquel repugnante personaje.

- No tero. Tu mala, él no. Mami no ezta po tu culpa.

- Cariño él mató a mami...

- Yo traeré de vuelta a su madre, la ciencia hoy en día puede hacer milagros.

- ¡No la engañes! Eso es mentira. - apreté los puños por la rabia y la impotencia que me vencían y agobiaban. Miré a Zeev el cuál me devolvió la mirada como podía. - Déjalos, William... Haré lo que sea.

- No... - oí la débil voz de Zeev. El pie de William se encontró rápida y fuertemente con el estómago de Zeev quien gimio de dolor.

- Perfecto. - dijo Will con voz orgullosa levantando el mentón de manera altiva.

- Pero con la condición de que los dejes. - reiteré.

- Claro, pero es de libre elección y ella ha venido a mi, así que se queda. También me sirve de incentivo y seguro, si no haces lo q se te pide acabaré con su vida. - me amenazó. - No hay mal que por bien no venga.

- Siempre fuiste torpe con las chicas, pero esto ya es exageradamente malo... - se burló Zeev desde el suelo.

- ¡Cállate basura! - gritó William haciéndole un corte en la espalda a Zeev con la espada con la que lo mantenía en el sitio.

- La basura... es quien utiliza medios sucios para hacer que las personas les presten atención. - con un movimiento seco se aupó con las manos, clavándose la espada, asustando a William, a mi y a Julie. Esta última corrió a esconderse llorando. Pensé en lo mal que lo pasaría la niña cuando creciera, si es que llegaba a sobrevivir, cosa que dudaba que hiciéramos ninguno de los presentes. Zeev con una rapidez inhumana, típica de él, se alejó de William suficiente como para no ser alcanzado. - Realmente me das muchísima más pena de la que creía. - soltó Zeev esputando algo de sangre al hablar.

martes, 12 de agosto de 2014

Capítulo 28

Contuve la respiración en cuanto la luz me cegó. El panorama desde un punto de vista humano, en vez de mecánico, era todavía más horrible. La sangre se olía en el aire de aquella amplia entrada, en la que habían estado congregados y dispuestos a matarnos unas cuantas decenas de soldados, lo que me provocó que la bilis se me subiera a la boca pero la contuve mandándola a donde pertenecía. Las moscas iban poco a poco apoderándose de los cadáveres allí abandonados. Aparte de las muertes que había visto desde la sala de control, varios soldados allí presentes habían sido gravemente mutilados, por ser causas colaterales del gran enfrentamiento entre los dos hombres que habían desafiado a la naturaleza convirtiéndose en graves erratas de ésta. Los miembros cortados a espada o arrancados de cuajo se hallaban aún tirados y ensangrentados mientras que los dueños de aquellas partes  gritaban, sollozaban, lloraban y se morían lentamente bajo la aguda hoz del dolor y la agonía.

Apenas se divisaban las figuras de Will y Zeev. Sus golpes eran mortales y rápidos. Las chipas de ambas armas metálicas golpeandose en un baile agónico volaban por el aire a cada golpe. Miré a mi alrededor y vi los ojos caoba de Anne mirandome sin expresión, sin luz, sin vida. Como a ella una punzada de culpabilidad me atravesó el pecho dejándome sin respiración. Era la peor pesadilla que había vivido nunca. Necesitaba llamar la atención y acabar con esto. Cogí el arma con las dos manos y apuntando al techo disparé. Los trozos de escombros se precipitaron contra mi, pero apenas me cayó una nube de polvo blanquecino. Por segundos las miradas se centraron en mí, creando una paz efímera.

- ¡Basta! - grité con toda la fuerza que me vi capaz de encontrar. - Sois monstruos, - les dije sin apenas contener las lágrimas. Las palabras salían por mi boca sin darme tiempo a pensar que estaba diciendo. - arrebatais las vidas de los demás sin apenas percataros porque no os afecta. - la cara de Zeev se relajó, volviendo a encadenar al monstruo que lleva dentro, y sus ojos se abrieron como platos al darse cuenta de sus atroces actos. La espada, que debió de quitarle a su legítimo dueño en su salvaje trance, resbaló de su mano cayendo estrepitosa y sonoramente contra el suelo. Al ver esa acción la expresión se Will apenas cambió pero el pequeño paso que avanzó me ayudó a saber que algo planeaba hacer, y no se trataba de algo bueno. La mano en la que sostenía su espada se levantó para dar el golpe final a aquella lucha, pero la bala se le incrustó en esa extremidad dejándosela inútil. Le había disparado.

Nunca me imaginé esa sensación. Superioridad. A pesar de hacer daño a uno había salvado al otro. Pero el trabajo no había acabado, con todo el sufrimiento que han pasado muchas personas a causa de William Gallager, un disparo en el brazo no es suficiente. Con paso firme me acerqué a él, a una prudente distancia, levanté el brazo que portaba el arma y volví a apretar el gatillo. La bala impactó en su pierna izquierda, haciendo que callera al suelo. Un eco me gritaba lejanamente que me detuviera, que no lo hiciera. Ignoré esa voz y deje que se apoderara de mi ese sentimiento profundo y oscuro. Me detuve con William postrado a mis pies, tenía sus ojos verdes muy abiertos, una expresión de confusión y decepción deformaba su bello rostro, un mechón castaño le caía sobre los ojos, lo tenía mucho más largo que cuando le conocí en aquella vida de ensueño. Una imagen fugaz de aquel apuesto muchacho sonriendo hacia mí, acariciando mi piel, besando mis labios inundó mi mente durante un momento, pero todo aquello era mentira, una treta de un psicópata maníaco. Mi mano se levantó hasta que el arma estuvo a la altura de la sien de William. Solo tenía que tentar un músculo y se acabaría la pesadilla.  Solo eso. Pero en sus ojos no había miedo, había desesperación. La voz en mi cabeza aumentó y comenzó a gritarme que me detuviera de inmediato. Algo impidió que apretara el gatillo, se me arrebató el arma y un brazo fuerte tiró de mi haciendo que mi cuerpo girara sobre si mismo. Zeev. Su cara me miró con preocupación mientras de reojo controlaba a William y continuaba apuntándole en la cabeza con la pistola para evitar algún movimiento estúpido que pudiera llegar a hacer.

- No voy a permitir que cargues con la muerte de una persona a sangre fría. - dijo serio clavando su mirada de oro en mis ojos. Dios mío... Iba a asesinar a una persona, a Will. La imagen de lo que podría haber pasado si no me hubiera detenido Zeev se paso por mi mente como un tren arrollándome. Miré a William allí tirado y herido, a punta de pistola y sólo el pensar que podría haber acabado con la existencia de una persona me destrozaba el alma. Yo no seré jamás la persona que decide quien vive y quien muere a pesar de lo que haya hecho en su vida. - Ve hacia dentro. - me ordenó firmemente, empujandome lentamente para atrás con el antebrazo. - ¡Ya! - alcé la cabeza y su mirada estaba fija en la cantidad de soldados que se aproximaban a nosotros. Comenzamos a retroceder un poco y al ver ese miedo William gritó:

- ¡¡Atraparlos!! - una cantidad desmedida de soldados comenzaron a correr hacia nosotros.

Giré sobre un pie y eche a correr hacía el interior del búnker. Sentía la presencia de Zeev pisandome los talones, lo que me tranquilizaba. A los pocos metros de llegar a la gran puerta metalizada sonó un gran estruendo y la mole de metal se abrió lo suficiente como para apenas entrar nosotros, pero para evitar que ningún intruso se infiltrara en nuestro refugio comenzaron a cerrar el portalón, cuando apenas nosotros habíamos pasado. La aprensión me empezaba a desbordar y me hacía perder el control de mi mente y cuerpo, moviendome así por puro instinto y miedo. Yo entré con rapidez y casi sin problemas pero Zeev, que iba detrás mía, le faltaron cinco centímetros para que su pie quedara aplastado entre las dos masas de metal macizo. El chocar de los cuerpos de los hombres que nos pisaban los talones contra las puertas resonaba por toda la sala, acelerando mi pulso a cada golpe.

- Tienes que salir de aquí. - dijo Zeev entrecortadamente a causa de la fatiga de la carrera. - Lleva a todos contigo, sé que eres capaz de ello. En tu cabeza está todo lo que necesitas, sólo esfuérzate en recordar. - se aproximó a mi y me acarició la frente delicadamente.

- Todos decís cosas así, y no sé porqué.

- Yumi, escúchame, ahora no es tiempo de discutir si podrás o no. Tu reúne a todos y sácalos por la trampilla de las calderas, - hice memoria de cuando me dedicaba a explorar el lugar y recuerdo ir con Julie a una sala llena de maquinaria en la que hacía mucho calor al final de un pasillo muy grande en la parte más apartada del bunker. - yo me quedaré aquí y los distraeré.

- ¡¡Jesse!! ¡¡Yumi!! ¡No hemos acabado! - se oía gritar a William tras nuestras espaldas, lo que nos puso más nerviosos.

- Es una locura, te matarán.

- No le tengo miedo a la muerte o el dolor, ya estuve en el infierno y he salido victorioso de él. Vete.

Me empujó hacía donde todos se encontraban y me vi corriendo asustada oyendo el sonido de mis desesperados pasos, alejandome de una persona que quería por puro pánico. Rogaba por que salieramos de esa situación, sea como sea, aunque el futuro se veía más oscuro que la noche.

lunes, 21 de julio de 2014

Capítulo 27

La enorme puerta comenzó a abrirse mientras yo palidecía y la fugura del sol comenzaba a deslumbrarme y a inundar la instancia con su radiante luz. Zeev con paso firme cruzo el humbral dejando tras de sí una figura translúcida. Intenté alcanzarlo pero las puertas fueron más rápidas que mis pasos y se cerraron con gran extuendo.

- ¡Zeev, no! - gritaba aporreando el metal con mis puños, las manos comenzaban a doler pero era la única forma que tenía de llamar la atención.

Cansada por el esfuerzo y los nervios en mi mente se iluminó otra posibilidad de poder llegar allí afuera. Corriendo lo más rápido que daban mis piernas llegué en muy poco tiempo a la sala en la que todos contemplaban la escena que mostraban los monitores, en los que hacía apenas horas se había presenciado el asesinato de la joven Anne.

- Me da igual, tu problema es conmigo, William. - decía la voz de Zeev desde el monitor a la defensiva. La imagen mostraba a Zeev en el umbral de la gran puerta mecánica, a Will a pocos metros de él aún sosteniendo en alto la espada ensangrentada y el cuerpo inerte de Anne en una esquina dándonos a los presentes un macabro recuerdo. - Yo te robe lo que tu crees tuyo, así que si buscas venganza mátame a mí.

Una risa profunda y catartica se escapó de la garganta de Will, haciendole bajar el arma y con la mano libre colocarla en sus costillas, en símbolo de que las palabras de Zeev le hacían mucha gracia.

- Muy hábil. Jesse, fuiste sujeto de un experimento del que saliste airoso, el cual te proporcionó unas capacidades de regeneración y velocidad "inigualables", según tu creador - dijo remarcando las comillas evantando la mano y encogiendo el dedo índice y corazón. - Pero... - en un segundo se encontraba delante de Zeev. Una persona normal hubiera muerto por la estocada, pero gracias a que Zeev no es normal pudo evitarla a duras penas sin un rasguño. Pero se palpaba la cara de sorpresa por la velocidad adquirida de Will, es sobrehumana. - No eres el único.

- ¡¿Pero qué has hecho?! - le grita Zeev a Will, apartándose para evitar otro ataque.

- Pues veras, investigué por mi cuenta y creé yo mismo un suero capaz de darme el poder que tu tienes. Regeneración. Velocidad. Capacidad perceptiva. Todo para lograr un cuerpo inmortal y perfecto, para lograr un don.

- No es un don William, es una maldición.

- Tu lo ves así porque no sabes apreciar su belleza. Pero el problema es que es efímero su efecto. Precisa que se reinyecte el suero en el torrente sanguíneo para su buen funcionamiento...

- ¿No fue capaz de lograr mantenerlo permanente? ¿O no quiso hacerlo? - interrumpío Germán en silencio en la sala mientras de fondo se seguía escuchando a Will decir cosas técnicas sobre su suero.

- ¿Por qué lo dices, Germán? - le pregunté intrigada por esas cuestiones.

- Porque para lograr efectos permanentes le introduje una toxina a la sustancia en cuestión que hace los efectos permanentes pero a cambio de la voluntad del sujeto. - la sala cayó en un silencio sepulcral esperando a que Germán prosiguiera. Dio un suspiro sonoro y continuó cabizbajo - De hecho al despertar de la aplicación de la sustancia, Zeev asesinó a sangre fría a guardias y científicos que le observaban. - sus palabras me petrificaron, pero continuó a pesar de mi expresión y la de todos los presentes - Dos científicos, Jonh Clirck y Nick Adel, mis ayudantes; y tres guardias que los intentaron socorrer pero encontraron la misma suerte que mis ayudantes. Desgraciadamente no llegue a conocer a esos hombres. Fue una matanza horrible, Zeev jamás se recuperó de aquello porque desgraciadamente recuerda cada acto. Nunca se perdonó a si mismo y se ha odiado desde aquella, aún que nunca más dejó que aquella sensación lo invadiera y controlara.

Por esa razón se odia y se aleja de la gente. Yo logré acercarme a él ¿Por qué? ¿Qué hice? Y al formularme esas preguntas apareció en mi cabeza la imagen de un Zeev más inestable pero igual de hermoso diciendome con dulces y sinceros ojos dorados: "Gracias, has sido la única persona a la que he intentado apartar y ha removido tierra y cielo para entenderme y mantenerme a su lado, me parece que por eso estoy enamorado de ti." Me sonrojé y preocupé más al recordar aquella declaración casta pero sincera. ¡Zeev! Volví a mirar a la pantalla después de un momento dentro de mi cabeza. Allí vuelvo a encontrar la misma imagen que estaba cuando aparté la mirada hace rato.

- Estás loco. - declaró Zeev a una distancia prudente de Will. Dios mío, es inaceptable la demencia que esconde Will en su cabeza.

- Por ella, sí. Es fácil, entregate y devuélvemela.

- Nunca.

- Pues atente a las consecuencias. Haré que pases los peores momentos de tu vida antes de quitártela a la fuerza como hiciste tú.

Con un movimiento que era casi imposible seguirle con la mirada se alejó de Zeev, provocando mucho desconcierto en todo ente presente. ¿Qué pensaba? La figura de Will aparece detrás del capitán McConaughey, los ojos verdes del hombre se abren con sorpresa, mientras la cabeza se separa del cuerpo en un movimiento fugaz y decidido del frío metal a manos de Will. La imagen pasa como si alguien hubiera puesto el tiempo a cámara lenta. La cabeza vuela mientras el cuerpo cae pesadamente al suelo bañado el ambiente en una ola de intenso carmesí brillante, a los pies de un William Gallager oscuro y ensangrentado.

- ¡¡¡PAPÁ!!! ¡¡NOO!! - los ojos de Zeev casi se salen de las órbitas de los abiertos que los tenía,  su expresión estaba desencajada de la sorpresa y el sufrimiento. Apesar de lo frío que intentara ser Zeev el ser humano esta hecho para amar y el amor fraternal es eterno e incondicional. La figura de Zeev se yergue en la pantalla, subiendo la cabeza y dejando ver una expresión oscura y salvaje, ha perdido el control bajo el dominio de la bestia que le implantaron en su interior hace siete años y que le ha amargado su existencia desde el mismo momento en que esa maldición entró en su torrente sanguíneo.
- ¿Preparado para sufrir? - desafía William desde una esquina de la pantalla.

- ¿Y tú para morir? - le devuelve en un gruñido Zeev.

Los dos jóvenes se enzarzaron en un baile asesino de rápidos ataques, estocadas, contraataques y traspiés a una velocidad inhumana. Hasta los mismos soldados se retiraron con horror y miedo. Eso ya no era un asunto de rebeldía al gobierno, no esos dos muchachos combatían por algo más profundo y macabro que simples ordenes gubernamentales. Tras varios minutos de combate sin igual me decido que a ese ritmo hasta el más poderoso de los humanos perdería la vida si no se detenía aquello. Harta de sólo observar, cogí el arma que me proporcionaron y decidí dejar la lógica y el sentido común en una esquina, ya que nada de lo que ocurría era lógico, y dejar que mi instinto y percepción guiarán mis pasos en esta situación.

Salí de la sala con paso firme, armada, descuadrado a todo el mundo, y retomé el camino que había hecho a la inversa para poder ver lo que pasaba en el exterior. Mis botas retumbaban en el suelo a cada paso. En poco tiempo me topé de bruces con el enorme portalón que me evitaba el acceso al mundo exterior. La luz azulada que pasaba entre el agua del tragaluz me iluminaba lo suficiente para que se me viera la cara con total claridad por la cámara colgada en el techo. Con decisión me hinché y miré a la cámara.

- Abrid la puerta. - dije clara, alta y autoritariamente. Pero la puerta ni se movió - ¡Ya! - grité y en segundos la puerta con un sonido chirriante comendo su lento paseo para dejarme salir. No tengo ni idea de que pretendía hacer pero sin pensar siquiera salí al exterior, permitiendo que un destino incierto se cirniera sobre mí.

viernes, 11 de julio de 2014

Capítulo 26

¿Cuán grande habría sido mi mundo si él hubiera seguido siendo él?

Las verdades caen como losas en la espalda que te rompen todos los huesos con un dolor interno tan potente que apenas puedes mantenerte de píe, las piernas tiemblan, la cabeza se desvanece hacía cualquier otro lugar que no sea ese y el corazón se  te desgarra produciendo que tu mundo se rompa junto con él.
Cuando la persona que supuestamente amas desaparece apareciendo tras de si una sombra negra y tenebrosa no tienes otro deseo en tu cabeza más que desaparecer de lo vil que puede ser la vida y los que entran en ella. Eso fue lo que yo experimente cuando vi todo aquel panorama. Me destrozó el poder ver con mis propios ojos que los extraños sucesos que estaban ocurriendo en mi vida solo eran culpa de un psicópata malnacido obsesionado con poseer los poderes que solo a un Dios son concedidos... En los últimos días me había movido de un lugar a otro ya sin apenas darme cuenta que lugar era real y cual no, había podido volver a valerme por mi misma otra vez; pero en cuanto esa espantosa imagen entro por mis retinas y llegó a mi cerebro me bloqueé. Todo lo que había intentado creer con fervor durante el poco tiempo que podía llegar a recordar se desmoronó como un castillo de naipes con una leve ráfaga de viento.
Las piernas finalmente me fallaron y me caí de rodillas. A mi alrededor había revuelo, unos llorando, otros sin saber que hacer miraban la figura sangrante del monitor atónitos. Yo no era capad de levantar la mirada, los músculos no me respondían. Will, el muchacho del que yo creí estar enamorada, había acabado con la vida de una joven sin escrúpulos, sin pensarlo dos veces. No podía creérmelo.

- Mami... - dijo la niña llorando al entrar por la puerta, sorprendiendo a todos. - Mami, no... ¡levántate mami! ¡¡MAMI!! - Julie corrió hacia el monitor y continuo gritándole a su madre que se levantara, aún que eso jamas pasaría.

Todos nos quedamos inmóviles, ver una niña en la situación de Julie era un castigo para la conciencia de todos los allí presentes. Lya apareció jadeante por la puerta nombrando a Julie. Conociendo a la niña se habría escabullido de Lya sin que esta se diera cuenta y al darse cuenta corrió tras la niña. Pero había tardado demasiado en encontrarla.

- Sacarla de aquí, ya - ordenó Zeev que fue el primero en reaccionar.

Lya agarró a la niña haciendo un esfuerzo por contener las lágrimas, Julie pataleaba y lloraba pidiendo por su madre, a la cual nunca más podría volver a ver. Desaparecieron las dos por la puerta dejando tras de si un rastro de llanto, agonía y dolor. La sala volvió a quedarse en un silencio después de que los gritos de la niña desaparecieran lentamente por el pasillo. Hundí mi cara entre mis manos; no me lo podía creer, no, me era imposible creerlo.

- Se acabo, - rompió el silencio Tomás - no tendrán piedad con nosotros a no ser que le demos lo que quiere. - alcé la cabeza y vi todas las miradas de los presentes puestas en mi. Me asusté al saber que mi destino inminente sería el reunirme con un psicópata que a saber que tramaban hacer conmigo sus perversas neuronas.

- Ni se os pase por la cabeza. - dijo Zeev muy serio.

- Pero... - intentó replicar Alec.

- ¡Que no! Me niego. Me he jugado el cuello para sacarla de allí, como para ahora dársela como un obsequio por haber venido aquí.

- Zeev, opino igual que ellos. - le digo levantándome y fingiendo que las piernas apenas me tiemblan del terror que invadía mi ser. - Siento lo que pasaste por traerme aquí, pero es la mejor solución. Si voy con ellos vosotros tendréis más posibilidades de vivir.

- No, te equivocas. Lo conozco bien como para saber que esa persona no tiene ni corazón ni humanidad. Si te sacrificas por nosotros lo único que conseguirás es volver al infierno del que te saqué y nosotros seremos acribillados igualmente. - me dijo acercándose a mí y cogiéndome los hombros con dureza pero cariño. - Yumi, paso de el típico cliché de que te haces la heroína, no quiero perderte.

- Debo hacerlo. - le supliqué vehemente.

- No. Punto. Su pelea es conmigo así que voy yo.

- Por favor Zeev, no. Empeoraras las cosas. - digo temerosa. En mi corazón se prendió con fuerza un sentimiento de angustia y miedo con el sólo pensamiento de perder a aquél ente que estaba postrado delante de mi. - Aparte, mira tu estado de salud, como estás por su culpa.

- Me da igual. Sois lo más importante para mí y no voy a permitir que acabéis cómo Anne. - con esas palabras se dirigió al exterior para intentar salvar nuestras vidas con determinación, aún a costa de su propia existencia.

Todos quietos en aquella sala, observando como una única persona muy apreciada se esforzaba por defender lo que realmente le alentaba a avanzar cada día,  se me antojó egoísta. Mire todas las caras atónitas de los presentes y no vi un atisbo de que fueran a evitar un suicidio en caso de Zeev o que quisieran unirse a su causa, así que di un paso decantándome por la primera opción. Corrí tras Zeev pero apenas lograba alcanzarlo, por más que pretendía detenerlo con palabras, implorando, rogando, su paso no se detenía y continuaba firme tal como iría en sus tiempos de soldado, firme y desafiante a una muerte inminente. Únicamente su paso se detuvo al llegar a la única puerta principal que le separaba del exterior.

- ¡¡William!! ¡Estoy aquí! ¡Me ofrezco voluntario para ser un pago para que retires tus tropas antes de tener más bajas! - gritó con voz fuerte para asegurarse de que se oía su voz al otro lado de la enorme plancha de metal. Corrí con decisión y le abracé por detrás sintiendo su calor, tacto...

- No, no te lo voy a permitir. No puedo dejar que mueras. Que te atrapen. - girándose gentilmente me correspondió el abrazo.

- Y yo no podría aguantar el volverte a perder. Ya lo sufrí y no podría soportar una segunda vez. - me susurró con amor y melancolía. - Sé a ciencia cierta que es probable que no recuerdes aquel momento ni los sentimientos implicados pero yo si que los recuerdo y observarte marchar con él se me hizo el peor castigo impuesto al hombre.

Una lágrima se deslizo por mi rostro, seguida de muchas más. ¿Lo perdería?  Me abracé a el con más fuerza y lloré en su hombro. Pero el momento fue efímero.  Con cuidado y poco a poco se fue separando de mí. Como despedida un beso en la frente, pero a mi me supo a poco y agarrándole del cuello de su ropa acerqué su rostro al mío, coloque mis labios sobre los suyos e intente que ese beso le revelará todos los confusos sentimientos tejidos en mi alma.

- Ahora aún se me hace más difícil dejarte atrás.

- Pues no lo hagas.

- Es lo mejor. - sin remedio Zeev emprendió una marcha fúnebre por la supervivencia de unas pocas personas con unos ideales únicos.

miércoles, 23 de abril de 2014

Capítulo 25

Se respiraba tensión en ese ambiente tan hostil, los soldados a mis órdenes corrían de un lado a otro jadeantes revasteciendo a los soldados de más grado encargados de los explosivos. Desde mi posición, bajo una carpa y sentado en un cómodo asiento, se oían las explosiones de los intentos de derrumbar esa gran masa de duro metal. Cada sonido producía en mi una sensación de regocijo que levantaba mi alma del suelo, a cada estallido de pólvora me encontraba más cerca de lograr recuperar lo que es mío, más cerca de ella.

-... por eso es una estupidez, dé la orden de parar. ¿Me está escuchando señor Gallager? - oía por detrás al capitán McConaughey dándome un discurso.

- Dos cosas, capitán. Primera, no me interesa lo que dice y por consiguiente no, no le estoy escuchando. - dije con aburrimiento y sin siquiera mirarle a la cara. - Segunda, mi padre, el Capitán General y el Presidente del país, me ha concedido poder sobre todas las personas que puedes observar y sobre todo el arsenal militar. Puedo hacer con ello todo lo que yo desee.

- Con todos mis respetos, William, usted es demasiado joven como para saber que hacer con ese poder.

- Mi padre no opinó lo mismo, soy un niño prodigio. Mi cociente intelectual es mucho mayor a la media y soy suficiente maduro como para dirigir esta situación. Que tenga veinte años no es excusa.

- Mi hijo también era un niño prodigio y mire, se le entregó un poder muy grande y las decisiones que tomó a causa de eso fueron todas erróneas.  Ser joven no es cuestión de edad, es de falta de experiencia. Y a mi parecer ni usted ni Jesse estuvisteis nunca preparados para tal responsabilidad. - me soltó cabizbajo mirándome como con algo de lástima.

- No me compare con su hijo. - le respondí violento, levantándome de golpe del asiento - Por culpa de los destrozos y las guerrillas de las que él es el responsable y de su ineptitud para cazarlo es por lo que mi padre confía más en mí que en usted. Yo en cuestión de semanas he llegado al escondite de los rebeldes, con la guarida de su hijo.

- Tuviste ayuda.

- Pero logré muchísimo más que usted en años. Así que ni se le pase por la cabeza decirme algo sobre como debo actuar.

- ¿Permiso, señor? Traigo informes sobre la primera línea- se adentró temeroso un cadete recién incorporado.

- Adelante, habla. - le ordené.

- La primera puerta ha cedido y nos encontramos con otra segunda puerta. Seguimos sus instrucciones y sin aminorar seguimos bombardeando la segunda puerta.

- No me has contado nada nuevo, todo eso ya lo sabía. ¿Tienes algo nuevo o ya te retiras? - le dije antipático, no tenía el humor como para que un cadete novato me contara historietas que ya sabía. - Ve al grano.

- Perdón, señor. Hay movimiento del enemigo. - Noté como cada fibra de mi cuerpo se tensaba. ¿Se habían rendido y pretendían devolvermela? Yumi, en ella era en lo único que podía pensar. Salí de la carpa sin detenerme a oír ni un detalle más de aquel cadete.

El trajín era si cabe mucho más intenso que hacía un rato atrás. Dos cadetes pasaron corriendo, no pude evitar recordarnos a Jesse y a mí mismo en nuestros tiempos de cadetes, de eso hacía unos años. ¿Por qué se habían separado tanto nuestros caminos? Nuestros padres siempre estuvieron en un mismo ámbito social, así que al ser los hijos de los mayores cargos del ejercito y tener la misma edad, prácticamente, nos hicimos muy amigos. En todos los eventos hay estábamos nosotros dos para montar jaleo. Siempre fuimos uña y carne, incluso cuando decidimos alistarnos para que él pudiera seguir los pasos de su padre y yo cumplir con las expectativas del mío porque lo que me apasionaba a mi realmente era la ciencia. Como era de esperar eramos los mejores de nuestra promoción. Yo mientras entrenaba participaba en investigaciones sobre como hacer un ser humano insuperable por alteración de ADN, que realizaba junto con un famoso científico, e investigaciones privadas mías sobre el control del cerebro humano.

La investigación del ADN se aplicó en el ejército, en mi misma promoción, supongo que hay fue donde nuestros caminos se comenzaron a dividir ya que, Jesse y otros buenos compañeros de equipo se ofrecieron como conejillas de indias para ser objetos de experimentación. Ninguno sobrevivió a excepción de Jesse que dio unos resultados inigualables. Recuerdo la sangre de mis compañeros por el quirófano producidas por un rebote de ADN, que provocaba unas grandes reacciones alérgicas, tal como que el cuerpo rechazaba la piel y esta se deterioraba dejando el músculo sanguinolento a pura vista, todas terminaban en muerte dolorosa y agonizante. Jesse al entrar en esa sala y encontrarse con esa escena busco una cara amiga, estaba muy asustado, pero lo único que encontró fue mi cara impasible, todo era por el bien de la ciencia. A mitad del calvario me miraba con odio, como si yo fuera el responsable. Después de aquello se apartó completamente de mi, desde aquel día me dejó solo. Para aliviar ese vacío me dediqué en cuerpo y alma a mis investigaciones, que llevé a cabo en clandestinidad, pudiendo desarrollar finalmente un suero que aplicado al cerebro infunde al sujeto en un sueño profundo y permite crear realidades suplementarias en el cerebro de una persona, como si de un lienzo en blanco se tratase, el HDC o Hipnotic Dream Control. Mi sujeto en pruebas del HDC no era otra que la mujer que lideraba a los rebeldes, la hija de un senador, la mujer que yo amaba. Con gran esfuerzo la conseguimos atrapar y experimentar con ella, pero Jesse  me la arrebató. Por esa razón es por la que me encontraba en esta situación, tenía que recuperar a Yumi, no permitiría que nadie me la quite, jamás.

Con paso firme avancé hasta la primera línea y allí se encontraba la figura de una mujer joven. ¿Yumi? No, no era ella. Se trataba de la celosa muchacha que me había pasado la información sobre la posición de los rebeldes, Anne. Se encontraba pegada a la segunda puerta llorando y sollozando por su vida. Al verme se arrodillo a mis pies pidiendo clemencia.

- Señor no me mate, tengo una hija, ella me necesita.

- Yo no la veo. - dije seco. - Mira, Anne, el mundo funciona de una forma y para mi esa forma es muy clara.
- Señor, no comprendo. - acto seguido ella se levantó.

- Bien, lo explicaré para tu corta inteligencia. - suspiré - La forma de vida que yo tengo, mi lema en este mundo es que lo que quiero lo tengo y lo que no me sirve lo desecho. Tu, ya tuviste tu utilidad, eres un desecho. - le solté mirándola con asco y repugnancia. Con un rápido movimiento desenvainé mi espada y atravesé el cuerpo de la joven sin pensármelo. Sentí su respiración entre cortada en mi hombro, su sangre caliente brotando de su interior, vi el brillo de la sangre en el filo de la espada que se podía ver saliendo de la espalda de Anne. Retorcí el arma provocando que la joven soltara un pequeño grito junto con su último aliento y la saqué  del interior del cadáver dejando que cayera en el suelo levantando una nube de polvo, con los ojos abiertos como platos y sin brillo alguno que denominase que en ese cuerpo hubiera vida. Retrocedí unos pasos hacia una cámara allí puesta y apunté con el filo aún chorreante al objetivo. - Jesse, se perfectamente que te encuentras mirando esto. Devolvedme lo que me quitastéis o todos sufriréis la misma suerte que tuvo vuestra querida compañera. ¡Devolvedmela!